No hay tiempo para excusas: cómo convertir un barrio en un lugar feliz
Darla Ballinger, presidenta de la Asociación de Vecinos de Boston Avenue

En 1981, tres días antes de que Darla Ballinger se mudara con sus dos hijos pequeños a una casa situada en la avenida Boston, en la zona sur de Youngstown, unos vecinos la destrozaron y pintaron insultos racistas en las paredes.
«En aquel momento, el barrio estaba en “el apogeo de su esplendor”», dijo, y era predominantemente blanco. Ballinger, que es negra, no se dejó intimidar. Se mudó allí y convirtió la casa en un hogar para ella y su familia. Con el tiempo, muchos miembros de la comunidad la conocerían como «el lugar feliz».
Cuarenta y tres años después, Ballinger sigue viviendo en esa casa de Boston Avenue, aunque el barrio tiene hoy un aspecto muy diferente. Víctima de la falta de inversión y de unos sistemas injustos, y azotado por la violencia de las bandas, el tráfico de drogas y la pobreza persistente, el barrio ha registrado la tasa de homicidios más alta de la ciudad durante los últimos años.
Ballinger nunca ha dejado de creer en el barrio.
«Decían: “Se está yendo al garete el barrio”. [Pero] yo sigo aquí. Yo soy el barrio».
Con el paso de los años, a medida que el barrio se deterioraba, Ballinger siguió adelante con su misión de convertirlo en un lugar agradable para ella y sus vecinos. Participaba en las jornadas de limpieza del barrio y, a menudo, recogía basura por su cuenta. Pero en 2019, dio un paso más. Un día, Ballinger sacó su cortacésped manual y unas bolsas de basura y empezó a limpiar tres solares vacíos situados detrás de su casa, un lugar donde solían producirse con frecuencia actos de violencia y tráfico de drogas.
«Empecé a talar árboles», dijo. «Pensaron que estaba loca».
Ballinger colaboró con la concejala del Sexto Distrito, Anita Davis, para crear una organización sin ánimo de lucro, la Asociación de Vecinos de Boston Avenue, y consiguió que el Ayuntamiento llevara a cabo una demolición de emergencia de una vivienda situada en una de las parcelas. Poco a poco, empezó a transformar el espacio en el Happy Place Sanctuary.
Hoy en día, este espacio de casi 4000 metros cuadrados cuenta con un jardín de meditación, un sendero y una pequeña caseta donde se sirven refrescos. Y Ballinger no se detiene ahí. Su idea es ampliar el santuario a los terrenos situados al otro lado de la calle e incorporar un mural y un pequeño parque infantil, así como un camino de acceso para mejorar la accesibilidad.
«Quiero que el santuario quede precioso», dijo.
La comunidad agradece este espacio. Los concejales y otros funcionarios se encargan de traer a la gente a visitarlo. Recientemente recibió un premio de la empresa local JW Murdoch & Sons.
Ballinger ha colaborado con voluntarios de la Universidad Estatal de Youngstown y de United Returning Citizens para mantener el espacio, pero realiza la mayor parte del trabajo ella sola. Ha recibido apoyo financiero de la Fundación Wean y de otras entidades para ayudar a hacer realidad su proyecto.
La determinación de Ballinger sirve de recordatorio para que los demás formen parte del cambio que desean ver. «No tienes derecho a quejarte de nada si no haces nada al respecto. Si haces algo al respecto», dijo, «eso cambia tu mente, tu cuerpo, todo».
Datos clave
– La Asociación de Vecinos de Boston Avenue (BANA) abarca un tramo de Firnley Avenue entre las avenidas Boston y Almyra, en la zona sur de Youngstown.
– BANA ha recibido las subvenciones «Neighborhood SUCCESS», «Resident Engagement» y «We See You» de la Fundación Wean, y ahora recibe una subvención general de funcionamiento plurianual